rafael montiel

CIUDAD DE MÉXICO—“¡Venga!” “Good game!” “¡Venga, venga!” “C’mon Trent!”

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En la cancha número 10 del club Deportivo Chapultepec en la Ciudad de México el estadounidense Trent Bryde se enfrenta al mexicano Alexis Álvarez Varas. Compiten en el Abierto Mexicano de Tenis Juvenil, torneo que cada año atrae a las futuras estrellas del deporte blanco.

A pesar de que hay argentinos, alemanes y muchas nacionalidades más compitiendo, son los juegos entre los mexicanos y los estadounidenses los que este año cobran más relevancia.

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La política se siente dentro y fuera de la cancha.

Trent gana el primer set pero Alexis sigue dando batalla en cada punto. El árbitro dicta el curso del juego en español e inglés: “Treinta-cero, thirty-love”. Trent termina ganando en tres sets, 6-3, 7-6(3) y 7-5.

El torneo del mes pasado dejó claro que la reciente elección de Donald Trump está en la mente de todos a pesar de que muchos deportistas prefieren no tocar el tema. El tenis es un deporte de caballeros, ante todo.

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Con la excepción del fútbol, los equipos mexicanos siempre han sido un “David” enfrentando al “Goliat” del norte.

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Es una historia que sigue muy presente dentro del Deportivo Chapultepec, donde se encuentra el Estadio Rafael Osuna, recinto que lleva el nombre del mejor tenista mexicano de la historia.

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El estadio es conocido como “la cuna del tenis mexicano” y ha sido el escenario de algunas de las victorias más importantes del tenis azteca. En 1962 México derrotó a Estados Unidos por primera vez en la Copa Davis. Rafael Osuna, conocido como “El Pelón”, jugó en aquel equipo de ensueño.

Ganarle a Estados Unidos siempre ha sido una doble victoria.

Ahora Trump le da un nuevo sabor a la contienda deportiva entre mexicanos y estadounidenses.

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“Sí hay una rivalidad”, dijo Edson Ortiz, un tenista de 18 años del estado de Chihuahua. “Fuera de la cancha nos llevamos muy bien, pero en la cancha si le queremos ganar a los americanos”.

Ortiz entrena en la Florida e irá a la universidad en Alabama.

“Ya me comprometí con la Universidad de Alabama”, me dijo Ortiz. “No me preocupa vivir en Estados Unidos con eso de Trump. Yo voy a tener visa”.

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En ocasiones la rivalidad deportiva entre ambos países se ha vuelto grotesca.

En el 2005, cuando la selección de fútbol de Estados Unidos se enfrentó a México en el Estadio Azteca, los fanáticos comenzaron a cantar “Osama, Osama, Osama!” haciendo referencia al terrorista que tumbó las torres gemelas de Nueva York.

Durante la campaña presidencial en Estados Unidos, se reportaron  incidentes donde estudiantes de preparatoria cantaron “¡Construyan un muro!” durante eventos deportivos.

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Sin embargo, ahora los deportistas, e incluso la afición, parecen estar dando su mejor cara en un momento lleno de tensión e incertidumbre.

Las selecciones de fútbol de ambos países se enfrentaron tan solo tres días después de la elección estadounidense en lo que fue un partido donde la hermandad entre México y Estados Unidos salió a relucir. Los futbolistas de ambos equipos se mezclaron para tomarse una foto juntos.

Claro que hubo un guiño a Trump. El delantero mexicano Oribe Peralta twitteó después del partido: “No hay muro que nos detenga #ElFutbolEsNuestro”. Pero al parecer lo borró poco tiempo después.

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A pesar de las promesas de Trump de que le pondrá trabas al comercio con México, los torneos y la industria del deporte siguen apostando por la relación bilateral.

La NFL recientemente organizó un partido en la Ciudad de México entre Los Raiders y los Texans, y la NBA ha llevado a cabo eventos similares.

Y no hay que olvidar que durante la campaña presidencial el tour PGA de golf profesional decidió salirse del resort de Trump en la Florida para trasladarse a la Ciudad de México.

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Trump puede alzar un muro pero eso no será in impedimento para el deporte entre ambas naciones.

El Abierto de Tenis Juvenil de la Ciudad de México fue un ejemplo más de cómo el deporte logra canalizar las tensiones políticas de una manera sana y productiva. Los deportistas, a diferencia del presidente electo estadounidense, sí mantienen su enfoque en la pelota.