Elena Scotti/FUSION

Como muchos otros estadounidenses, mi mamá se siente desconectada del país que hizo a Donald Trump presidente. A pesar de que nació en West Virginia y creció en una zona rural de Ohio, mi madre ha vivido 35 años en la zona metropolitana de Boston. No convive mucho con personas conservadoras.

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Un amigo de Nueva York también me ha contado lo mismo. Vive en una ciudad liberal y casi todos sus amigos en Facebook son liberales. Sin embargo, se ha dado cuenta que vive en una burbuja. Estos sentimientos se reflejan en los editoriales sobre las burbujas de los medios liberales y las élites en la costa este de Estados Unidos que convencieron a mucha gente que Hillary Clinton prácticamente ya había ganado la elección.

Pero yo no me identifico con esos sentimientos. He vivido en Greensboro, Carolina del Norte durante los últimos 10 años. Pasé la noche de la elección entrevistando a los votantes que salían de las urnas. Muchos apoyaban a Trump. Pensaba que Hillary iba ganar, pero sabía que aquí no.

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Existe una sensación de santuario progresista en Greensboro. Ocho de los nueve miembros del consejo de la ciudad son demócratas. Pero he aprendido a no dudar sobre el conservadurismo que permea todo el estado.

Greensboro es la tercera ciudad más grande de Carolina del Norte y tiene casi 300,000 residentes. El diario The New York Times la describió como “una ciudad tierna y frondosa”, porque la vida es lenta y los alrededores están llenos de vegetación. Aquí se tomaron las famosas fotografías que muestran a los afro-americanos sentados en un comedor para blancos como símbolo de protesta antes del movimiento de derechos civiles. Ahora se hablan más de 100 lenguajes en las escuelas públicas de esta ciudad ya que muchos refugiados e inmigrantes han llegado a vivir aquí.

Sin embargo, durante los últimos seis años, los republicanos le han declarado la guerra a las ciudades liberales como Greensboro. Han disputado el control local de un aeropuerto, prohibido el aumento de los salarios mínimos, se han pronunciado en contra de los decretos anti-discriminatorios y han redistribuido el dinero de los impuestos a las zonas rurales.

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Nuestras ciudades se han definido gracias a la ayuda de los activistas y organizaciones como la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) y la Coalición de Justicia Social del Sur en Durham. Ahora nuestra lucha se extiende por todo el país.

Si eres como mi madre o mi amigo o como muchos de los estadounidenses liberales, y estás sorprendido por lo que está pasando en Estados Unidos, creo que sería sumamente importante que entiendas lo que sucedió aquí en Carolina del Norte.

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Mucho antes de la elección de 2016, antes de la retórica alarmista de Trump y antes de que las promesas nativistas de su campaña se convirtieran en órdenes ejecutivas, los republicanos de Carolina del Norte promovieron ideas parecidas.

Aquí ya se referían a los inmigrantes como criminales, a los refugiados sirios como peligrosos y alardeaban sobre la importancia de apoyar a la policía y no castigar sus abusos.

Incluso ya teníamos a alguien que sonaba como Trump.

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En el 2015 el congresista George Cleveland, un republicano de Jacksonville, propuso un proyecto de ley que buscaba prohibir las ciudades santuario en el estado y restringir el tipo de credenciales que los inmigrantes pueden usar para identificarse.

Como informamos el año pasado en nuestra publicación semanal, Triad City Beat, donde soy el editor, Cleveland se subió al podio para decir que los inmigrantes indocumentados encarcelados son violadores y que abusan de los niños.

“Puedes ser lo más gentil y generoso que quieras”, dijo Cleveland. “Pero eventualmente te van a sobrepasar y no tendrás la vida que tienes ahora”.

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La orden ejecutiva de inmigración que Trump firmó el 25 de enero, la que decía que quería eliminar el financiamiento federal para las “jurisdicciones santuario”, describe a enemigos similares. Luego firmó tres órdenes ejecutivas de seguridad, después de publicar en el sitio web de la Casa Blanca que su administración terminará con “el peligroso ambiente que va en contra de las policías en Estados Unidos”.

Los decretos parecen apoyar el movimiento “Blue Lives Matter” que busca respaldar las acciones de las policías. Los estados de Mississippi y Louisiana aprobaron leyes que convirtieron el asalto contra un policía en un crimen de odio. Esto aún no ha pasado en Carolina del Norte, pero un proyecto de ley que se propuso hace poco le instruye a los conductores como interactuar con la policía. Una ley que se aprobó en el estado en 2016 limita la publicación de las grabaciones de las cámaras que se montan en los vehículos de la policía y las que algunos oficiales deben usar en el cuerpo. Se han saboteado las iniciativas de ley que buscan responsabilizar a la polícia por los abusos y brindar mejor entrenamiento a las autoridades.

En los últimos seis años el estado de Carolina del Norte se ha convertido en un lugar ultra-conservador. Se han aprobado leyes que discriminan contra votantes y personas transgénero. Sin embargo, en las ciudades de Greensboro, Durham, Raleigh y Charlotte ha pasado lo contrario. Los activistas radicales y progresistas han hecho a las ciudades más liberales. En donde vivo, los directores de las escuelas públicas del condado demandaron al estado para que respete la seguridad de trabajo de los maestros. El consejo de la ciudad también demandó al estado para bloquear una ley que hubiera cambiado las líneas de los distritos de las ciudades para favorecer a los republicanos.

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También hay una disputa sobre quién —las ciudades o el estado — puede responsabilizar a las policías ante los abusos.

Greensboro incorporó las cámaras corporales para su policía en 2013 –mucho antes que otras municipalidades. En 2014, cuando un policía mató a Chie Di Thi Vo, una mujer que traía un cuchillo en la mano, tomó más de dos años para que la ciudad finalmente publicara el video.

Varios meses después, el consejo de la ciudad de Greensboro votó a favor de publicar las grabaciones de una detención ilícita y el asalto de un hombre afroamericano que estaba sentado en frente de la casa de su madre. Los dos policías que arrestaron a Dejuan Yourse ese día renunciaron antes de que las investigaciones internas finalizaran. Cuando el consejo se negó a dar detalles sobre la investigación del departamento sobre el caso de Yourse, siete activistas fueron arrestados durante una protesta en el edificio municipal.

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Sin embargo, la ciudad sí ha publicado más información que otras, especialmente para los dos incidentes que menciono en este artículo. El jefe de la policía también apoyó la publicación de los videos. Pero dos meses después de la primera votación del consejo, el congreso del estado declaró que las grabaciones no son documentos públicos y restringieron la publicación de videos en casos similares.

Los residentes del Condado de Durham, al este de Greensboro, votaron en un 78% por Hillary Clinton en la elección presidencial. La ciudad de Durham es muy parecida a Greensboro en términos demográficos.

Durante el otoño e invierno de 2015, varios casos en donde un policía mató a un residente de la ciudad evidenciaron que tan insignificantes pueden ser las leyes de las cámaras corporales si el estado no las apoya. El consejo de la ciudad de Durham aprobó el uso de las cámaras el 21 de noviembre. Dos miembros del consejo votaron en contra del decreto, argumentando que las leyes estatales van en contra de su propósito.

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El día después del voto, un policía de Durham mató a Frank Clark, un hombre afro-americano. El 10 de febrero, otro policía de Greensboro mató a Carlos Keith Blackman y el departamento de policía informó que un oficial también fue herido de bala durante el incidente. El 12 de febrero, una policía de carreteras mató a un hombre en Durham y dos días después un policía de Durham mató a otro hombre afroamericano afirmando que el sospechoso tenía una pistola. Sin embargo, varias personas del vecindario dijeron que le dispararon al hombre en la espalda mientras huía, según el periódico Indy Week.

El departamento de policías de Greensboro revisó las grabaciones de las cámaras corporales el 10 de febrero para entender lo que pasó. Si los policías en los otros incidentes hubieran cargado cámaras corporales, el proceso hubiera sido muy parecido. Pero la desconfianza del público, especialmente en Durham, hace que los reportes de policía sean difíciles de creer.

Mientras tanto, los demócratas en el congreso del estado han tratado de impulsar una agenda progresista. No han tenido mucho éxito. En 2015 los legisladores descartaron un proyecto de ley que le hubiera permitido a la ciudad dar una explicación limitada sobre las acciones disciplinarias al consejo que supervisa a la policía de la ciudad. Los proyectos de ley no fueron aprobados en las cámaras estatales cuando los demócratas de Charlotte querían imponer poder de citación para los consejos que supervisan a las policías y trataron de establecer requerimientos de entrenamiento contra la vigilancia policial discriminatoria.

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Los progresistas todavía pueden celebrar victorias a pesar de que los republicanos han dominado la política estatal. Aunque votaron por Trump en 2016, los ciudadanos de Carolina del Norte eligieron al demócrata Roy Cooper como su nuevo gobernador. También llegó un fiscal general demócrata y un candidato para la corte suprema estatal que ha obtenido buenas críticas por parte de los progresistas.

Las movilizaciones masivas lideradas por la NAACP y dirigidas contra un gobierno estatal represivo han revitalizado a la izquierda. Las protestas semanales conocidas como “el movimiento del lunes moral” que se llevaban a cabo durante las sesiones de la asamblea general se han convertido en marchas contra Trump y manifestaciones en el aeropuerto.

Las ciudades siguen promoviendo las agendas progresistas, a pesar de que la asamblea general del estado las sigue rechazando. A pesar de que el estado limitó la publicación de las grabaciones de las cámaras de los policías, el alcalde de Greensboro anunció que la ciudad seguirá publicando los videos. Hasta los jefes de los departamentos de policía han condenado los esfuerzos por terminar con las credenciales de identificación para los inmigrantes. La presión incluso resultó en cambios a un proyecto de ley de correcciones técnicas. Hasta hace poco, varios de los jefes de policía dijeron que no cumplirán con las sugerencias de Trump para establecer acuerdos de cooperación con las autoridades migratorias a nivel federal.

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Las cortes han demostrado que son clave en el combate contra los conservadores en Carolina del Norte. Han rechazado varias propuestas para la reestructuración de las líneas de los distritos, una ley de identificación electoral y una enmienda contra los matrimonios del mismo sexo.

La lucha de las ciudades sigue en Carolina del Norte y las comunidades siguen resistiendo. No están generando los cambios que buscan, y las derrotas seguramente van empeorar con los nuevos decretos de Trump. La nueva administración le va a complicar la vida a la ciudades más allá que los legisladores estatales.

Los estadounidenses que apenas se están dando cuenta de las luchas políticas deberían tomar el ejemplo de los activistas que han resistido durante muchos años en estados conservadores como el nuestro. El pueblo de Carolina del Norte está listo para resistir aunque todavía no sabemos lo que esto implica. Podría tomar mucho tiempo– nos ha tomado muchos años cambiar las cosas en Carolina del Norte– pero nuestro estado ha demostrado que los progresistas todavía pueden librar algunas batallas, incluso cuando los conservadores tienen el control. Si les preguntas a las personas que están luchando aquí, te contarán que hay muchas cosas en las que puedes ayudar.

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Eric Ginsburg is the managing editor of Triad City Beat, a weekly newspaper covering North Carolina’s Triad region